La creencia de que Santa Claus es un invento de Coca-Cola es una leyenda urbana que contiene verdades a medias. Aunque Coca-Cola ha tenido un papel significativo en popularizar la imagen actual de Santa Claus, no lo creó. El origen de Santa Claus se remonta a las tradiciones europeas entre los siglos XIV y XIX, donde personajes como Sinterklaas en Holanda y Père Noël en Francia ya eran celebrados. Estas tradiciones llegaron a América con los inmigrantes y se transformaron con el tiempo.

En el siglo XIX, la elite neoyorquina comenzó a consolidar la figura de Santa Claus como un icono familiar, impulsada por el poema de Clement C. Moore «Una visita de San Nicolás» (1823). Este poema describió a Santa Claus como un personaje regordete, cachetón y con una barba blanca, sentando las bases para su imagen actual. Las ilustraciones de Thomas Nast para Harper’s Weekly en la segunda mitad del siglo XIX también fueron cruciales, añadiendo elementos como el cinturón ancho y la barba blanca.

Coca-Cola utilizó por primera vez la figura de Santa Claus en una campaña publicitaria en 1931. Haddon Sundblom, el ilustrador contratado, reconfiguró la imagen de Santa Claus, eliminando rasgos de duende y humanizándolo. Sundblom introdujo los colores rojo y blanco, asociados con Coca-Cola, y reemplazó la pipa de Santa por una botella de refresco, creando una imagen más amable y generosa que resonó con el público.

Las campañas navideñas de Coca-Cola, desde 1931 hasta 1966, consolidaron esta nueva imagen de Santa Claus y ayudaron a estandarizar su representación. La expansión de Coca-Cola a nivel mundial durante y después de la Segunda Guerra Mundial contribuyó a difundir esta versión de Santa Claus, convirtiéndolo en un embajador global de la marca y reforzando su carácter familiar y festivo en la Navidad moderna.

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